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Desmontando a la Super Woman

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En este artículo vamos a reflexionar un poco sobre el concepto de la “supermujer”, que tanto daño nos hace a nivel mental, físico y emocional, y que tan presente está en nuestra sociedad de consumo frenético. Esa que nos empuja a tener las cosas hechas para ayer, y que nos inunda de tareas constantemente. ¿Os suena, no?

Para ver el papel de la mujer en todo esto, debemos volver los ojos a la historia. Culturalmente a las mujeres se nos ha encasquetado el papel de cuidadoras. A partir de la segunda guerra mundial, las mujeres entraron en el mercado laboral como trabajadoras empezando así a reclamar su espacio en el mundo laboral. A partir de ese momento, nuestra sociedad empezó a obsequiarnos con nuevos roles. Ya no bastaba con ser la mejor hija, madre y esposa sino que ahora debíamos encajar también en cánones de belleza, conducta y profesionalidad. Ese fue el inicio (o uno de ellos), de una carrera sin fin.

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Poniéndole palabras al patriarcado

 

Nosotras vivimos en un sistema occidental capitalista, construido sobre valores patriarcales ha sido el que ha ido definiendo los roles de los hombres y de las mujeres en nuestra sociedad.

Y aquí empieza el primer concepto importante para mí.

El patriarcado, tal como dice Elisabeth Joseph-Serra, es una manera de
interpretar nuestra existencia y afecta tanto a hombres como a mujeres, pues va más allá del género y del sexo que tengamos.

Siguiendo lo que dice la autora, el patriarcado marca la superioridad de

  • La mente sobre el cuerpo,
  • El ansia de poder sobre la voluntad de amar,
  • Lo universal sobre lo particular
  • Dios sobre la humanidad
  • Lo masculino sobre lo femenino
  • Lo externo sobre lo interno
  • La conciencia sobre la inconsciencia
  • El cielo sobre la tierra
  • El hacer sobre el ser
  • El orden sobre el caos
  • El placer sobre el dolor
  • La perfección sobre la imperfección
  • La estructura sobre lo fluido
  • La división sobre la unidad
  • El centralismo sobre la diversidad
  • Lo lineal sobre lo cíclico
 

En resumen, podemos decir que básicamente el patriarcado se centra en reprimir todo sentimiento, dar mucha más importancia a lo intelectual, ejercer el control a través de la mente y luchar por alcanzar la perfección con el fin de recibir reconocimiento, poder y valor.

Por eso decimos que nuestra sociedad es androcéntrica, porque ve el mundo desde una perspectiva masculina. Ello implica que a los hombres se les recompensa por su inteligencia, seguridad y comportamiento mediante la posición social, el prestigio y las ganancias económicas.

Cuando las mujeres se hacen iguales a los hombres se las recompensa de una manera parecida, pero no igual.
De hecho las mujeres hemos sido entendidas por nuestra cultura como:

“Eeres descentrados, con constantes cambios y demasiado emotivos para ser eficaces en el terreno laboral”. (Maureen Murdock. Ser Mujer, un viaje heroico).

Y ante esta situación, las mujeres se ven y se comparan a ellas mismas mediante esta visión masculina, y desde ahí lo más fácil es que nos sintamos insuficientes.

 

Lo masculino y lo femenino

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Antes de adentrarnos en el tema, quiero aclarar los conceptos sobre lo masculino y lo femenino, ya que van a aparecer mucho a lo largo del artículo.

Los conceptos masculino y femenino se usan para describir cualidades de las personas humanas, y por lo tanto, se encuentran tanto en las mujeres como en los hombres y no hacen referencia al género de las personas. Son inherentes a todos los seres humanos. Todos y todas tenemos una parte masculina y una parte femenina dentro de nosotras.

Para aclarar un poco más, y tal como resumen muy bien Las Amancias:

  • La energía femenina es dinámica y fluida, es circular. Sus movimientos son impredecibles, no siempre justificables desde lo racional. Es una energía muy relacionada con el planeta Tierra, con sus fases cíclicas de gestación de vida, crecimiento, madurez y muerte para crear nueva vida. La energía femenina necesita expresión y creación, por eso precisa estar en contacto con las sensaciones y emociones.
  • La energía masculina, que la complementa, es estable y predecible. Se basa en el conocimiento, en lo preciso y medible. Sus puntos fuertes son la claridad, la concentración y la voluntad. A la energía masculina le gusta construir, estructurar, trazar pautas y planificar.
    Es protectora, lucha por lograr sus objetivos, es lineal. Y puesto que la claridad y la concentración son uno de los mayores dones de esta esencia, es brutalmente honesta. No le importa lo que piensen los demás y uno de sus mayores valores es la rectitud.
 
 

Las mujeres que hemos integrado el personaje de la superwoman que puede con todo, al final hemos integrado en nosotras mismas la energía y las cualidades masculinas pero en su forma negativa, es decir, como un tirano codicioso, constantemente insatisfecho, que siempre le pide más, mejor y más rápido, y no reconoce sus necesidades y deseos de sentirse amada, satisfecha o de simplemente descansar.

Cuando no nos sentimos suficientes

Ésta visión de no ser suficientes, la podemos observar en la cultura masculina pero también, de manera más o menos consciente, la vemos reflejada en las propias mujeres.

“Vivimos en una cultura que no confía en los procesos y que es intolerante con la diversidad (…) que espera que todos seamos perfectos y que sigamos caminos parecidos. Debemos amoldarnos a modelos de virtud, realización , inteligencia, y atractivo físico y si no lo hacemos se espera que nos arrepintamos y hagamos todo lo que esté a nuestro alcance para encajar, aunque a menudo la sensación interna es la de nunca ser suficiente” Carol Pearson: The Hero Within.

Una parte importante de la cultura de una sociedad se ve reflejada y perpetuada por la educación. En los primeros años de vida los niños y las niñas arman su propio sistema de valores, en base a lo que aprenden y les envuelve.

Cuando estudiamos, los modelos y los ejemplos que nos brindan suelen ser de hombres. De hecho, más allá de eso hay que tener en cuenta que toda nuestra educación está enfocada sólo hacia lo externo, y lo interno es dejado de lado para encontrar su propio camino.

Nos enseñan la historia de la humanidad, la filosofía y las leyes naturales como algo totalmente externo a nosotras. Nos enseñan hechos, hitos culturales, acontecimientos medibles. Se comparte todo lo que puede ser sistematizado, medible y demostrable.
El mundo interno, el de las emociones, el de la subjetividad, la intuición, lo simbólico y lo abstracto queda relegado a un segundo plano, con suerte. y de hecho, si tienes la suerte de encontrarte en un sistema educativo que lo contemple, también se suele contemplar como algo ajeno a tí. Te pueden hablar de las cuatro emociones básicas, pero el unir ese conocimiento con tu experiencia personal, el cómo vives tu esta experiencia, o en qué parte del cuerpo la sientes, por poner algún ejemplo, queda también relegado.

Ante esta realidad educativa, y cultural, las mujeres a veces inconscientemente empiezan a sentirse menos que los hombres.

Y hay muchas mujeres que buscan el éxito en el mundo laboral masculino a menudo lo hacen para refutar ciertas creencias (la mayoría de las veces inconscientes).

Causas que motivan a las "super womans" a seguir el camino del éxito a lo masculino

querer ser la mejor, creciendo en círculo

De hecho si lo analizamos más profundamente, de la mano de la psicóloga Maureen Murdock, ésta búsqueda del éxito siguiendo los valores y el camino masculino se puede dar por varias creencias o pensamientos.

 

  • “No soy suficiente”

 

Como hemos visto, la educación y la cultura imperante propicia que muchas mujeres no se sientan suficientes al ser mujeres.

Ante este pensamiento, algunas interiorizan que quieren tener éxito y valor por sí mismas, para ser independientes a nivel económico y emocional, y demostrar que sí son suficientes, y que pueden con todo.

Movidas por ello empiezan su carrera profesional orientada a la eficacia, y empiezan a escalar puestos tras mucho trabajo. Esta actitud es premiada por la sociedad materialista que le da valor al hacer y al conseguir metas cada vez más ambiciosas.

El problema es que a menudo en algún momento de este viaje hacia el éxito (entendido desde el capitalismo inquebrantable) la mujer para poder sostener esa escalada se desconecta de ella misma, de lo que realmente quiere, siente, y necesita. Lo deja todo de lado para unirse a la carrera incesante hacia el éxito material.

El mayor problema de esta situación no es que la mujer quiera ser exitosa materialmente hablando, sino que tanto el éxito como el camino hacia éste está marcado por valores masculinos, que no la representan y que no le encajan.

La sociedad que hay a su alrededor le muestra el mito de la superioridad del hombre y por ello ella valora sus capacidades a través de un prisma de pensamiento de carencia: “si hiciera esto, si estudiara más, si tuviera eso, si …si… , entonces yo estaría bien”.

Obviamente la parte de la dirección, la estructura, los objetivos, y la planificación son necesarias para cualquier proyecto, pero deben ir de la mano de los valores femeninos que los contrarresten, y ellos, en este caso se pierden.

El otro punto importante es desde donde la mujer está activando toda esa carrera. ¿qué es lo que la mueve? cuando lo que hay detrás es un sentimiento de no ser adecuada y de ser insuficiente, el motor de esa mujer será la carencia. Y viviendo la búsqueda del éxito laboral desde ese prisma, nunca va a sentirse suficiente. suficientemente preparada, lista, formada, especializada, orientada…

En la mayoría de los casos por un temor innato a ser inferiores por ser mujeres muchas nos volvemos adictas a la perfección y nos enfocamos en demostrar más nuestro valor para compensar el hecho de ser distintas a los hombres.
No pudiendo ser sólo como los hombres, nos exigimos el tener que ser las mejores en todo lo posible. En ser Perfectas y poder con todo.

 

  • No me dieron suficiente y por lo tanto yo ma daré lo que merezco

 

El segundo caso que la autora comenta es el de las mujeres que sintieron que sus padres no les dieron lo que ellas necesitaban, y por ende llegaron a la conclusión de que tenían que obtenerlo ellas mismas por sus propios méritos, pasando por encima de sus propias necesidades en caso de ser necesario. “No me dan lo que quiero así que ya lo consigo yo”.

En este caso también nos mueve la carencia pero ya no la de nuestra propia valía, sino la carencia del apoyo que hemos recibido en nuestra vida.
Para poder llegar a obtener este valor que deseaban sentir, muchas mujeres se construyeron una coraza que les ayudaba en su desarrollo profesional. El problema es que también las separaba de sus sentimientos, creatividad, espontaneidad, vitalidad, capacidad de vivir el presente y capacidad de relacionarse positivamente con los hombres.

Son mujeres que integraron el “yo me lo guiso yo me lo como”, de manera que le daban muchísima importancia a sentirse libres, seguras y autónomas.
en este caso volvemos a estar movidas por ese sentimiento de no ser (o tener) suficiente.

 

 

  • Mi padre no me valoraba lo suficiente: como no se me valora como mujer, voy a hacer como si fuera un hombre.

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Al no sentirse valoradas por sus cualidades femeninas, muchas mujeres intentaron asemejarse a sus padres o referentes masculinos cercanos. De hecho tal como dice Murdok algunas mujeres encontraron que sus esfuerzos por alcanzar la fama y el éxito se basaban en complacer a sus padres, y especialmente al padre interiorizado, que es la imagen mental que nos creamos de nuestro padre real, cuando éramos pequeñas.

Cuando una hija se identifica con los hombres para buscar la aprobación de su padre, enfatiza el desarrollo de su intelecto y rechaza su cuerpo femenino, y así olvida como escuchar sus deseos y necesidades y entender los mensajes de nuestro cuerpo.

Ellas se acostumbraron a discutir temas diversos con sus padres y familiares masculinos, eligieron a hombres como modelos y referentes, o a mujeres de identificación masculina, que validaban su intelecto, su ambición, y les generaban una sensación de seguridad, éxito y dirección. Todo iba encaminado a conseguir prestigio, valor, eficacia, abundancia económica y poder. Y con ello se olvidaban de como parar o decir que no, y la persona intentaba a toda costa complacer a los demás y a sus expectativas intentando no decepcionar a los otros.

 

  • Mi madre no valoraba el hecho de ser mujer, ni en ella ni en mi. ​

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La madre representa la víctima en nosotras mismas. Las mujeres sin libertad, la mártir. Nuestras personalidades parecen peligrosamente difuminadas y solapadas por la de nuestras madres” (Adrienne Rich: Of woman born).

La madre, a nivel simbólico e inconsciente puede representar también “el orden establecido, el contexto restrictivo de los roles sexuales y el profundo sentido de inferioridad femenino afianzado en la sociedad patriarcal” Maureen Murdock.

En un intento de separarse de la propia madre y de lo que a nivel simbólico implica para la mayoría de mujeres, algunas mujeres pueden pasar por una etapa en la que rechacen las cualidades femeninas, que distorsionadas por nuestra cultura son vistas muchas veces como pasivas, inferiores, dependientes, seductoras, manipuladoras y carentes de poder.

“En una sociedad que denigra las cualidades femeninas es poco probable que la mujer se valore a sí misma como mujer. Ella se ve a sí misma ya también es vista como carente así que actúa externamente conforme al mito de la inferioridad”. Y esto es aplicable a todas, a madres y a hijas, que vivencian ese sentimiento de inferioridad de su propia madre.

Cuando la mujer tiene una madre que no se valoraba suficientemente, y que se rechazaba por el hecho de ser mujer, ello creaba un conflicto en la propia hija que la movía a intentar ser distinta a su madre y a hacerlo todo al revés que ella.

Tal como dice Maureen este conflicto también podría surgir cuando la mujer se daba cuenta de que su madre no se había podido realizar como persona, y que había estado dependiente del marido o de los hijos. Muchas veces, ese sentimiento de dependencia y carencia de la madre, o llevaba a la hija a considerar a la madre inadecuada, dirigiendo su frustración hacia su madre, o hacían que la hija se vistiera de super woman y se lanzara a la guerra para afirmar su valor, tal como hemos visto antes.

Con ello a veces la hija intentaba demostrarse a ella misma lo independiente que podía llegar a ser, evitando a toda cosa depender de alguien, intentaría hacerlo todo sola, y encargarse de su vida personal, laboral y familiar sin ninguna ayuda. Ello le llevaría también a olvidar sus propias necesidades de ser querida, cuidada y de tener descanso, y todo ello serían grandes ingredientes para llegar a estar exhausta.

Esas mujeres medían su autoestima en patrones masculinos de productividad y cuanto más triunfaron más se les exigía así que al final acababan sintiendo que no llegarían a ser completas, pero aun así intentaban soterrar ese dolor con más actividad, más retos, más objetivos que lograr. Lo que sea antes de parar y sentir todo este dolor acumulado.

A medida que la mujer va tomando conciencia en su desarrollo personal se va dando cuenta de que su madre no es la causa de sus sentimientos de no ser suficiente como mujer, y empiezan a tomar cartas en el asunto, responsabilizándose de su vida.

EN RESUMEN

Siendo por un motivo de los expuestos, o por más de uno, ya que no son para nada excluyentes, la mujer intentaba demostrar su valor a ella misma y al mundo, sometiéndose a un ritmo frenético y desconectándose de ella misma.
Así que ya sabes, no es que seas un bicho raro al que le haya dado por ser una Super Woman. Somos muchas, y el sistema se ha esforzado muchísimo para que así sea. Grandes mujeres capaces de todo, eficientes, eficaces, buenas trabajadoras. Per desconectadas de ellas mismas y con una vida en piloto automático.

Por eso mismo, te invito a que con todo lo que te he contado puedas hacer algo.

El conocimiento de todo esto, más allá de ser utilizado para culpar al mundo exterior o a nuestros vínculos familiares, nos puede ayudar a poner conciencia a este modo de comportarnos, y así poder soltarlos.
En nuestras vidas a menudo hay muchos roles o personajes que toman el control, la perfeccionista, la autoexigente, la que puede con todo, la víctima de la sociedad, la guerrera que lucha contra el sistema…

Todos ellos tienen un motivo, y una razón de ser. Y es que nos hablan de situaciones que no estamos atendiendo. Al final, aunque dependiendo de cada caso, como todo, nuestra super woman nos pide que nos escuchemos a nosotras mismas:
Que paremos, que nos prioricemos, que conectemos con nuestras necesidades y deseos, que soltemos lo que ya no nos sirve, que hagamos lo que nos nutre y nos hace felices, sin tanto parloteo mental constante.

Cuando una mujer decide dejar de jugar según las normas de este juego patriarcal, deja de tener indicadores y referentes sobre cómo actuar y sentir, así que en ese momento puede optar por empezar el viaje hacia una misma, hacia la mujer que quiere ser, libre y Soberana de ella misma.

Y hasta ahí el artículo de hoy!
Espero que te haya resultado útil o interesante y que hayas podido relacionar lo que te contaba con tu vida, para así poderlo llevar a tu realidad propia.
Y si tienes alguna pregunta, o te apetece comentar, te animo a que contactes conmigo a través de los comentarios!

Un abrazo

Ester

 

Biobliografia

  • Maureen Murdock. Ser Mujer, un viaje heroico.
  • Carol Pearson: The Hero Within.
  • El Feminismo Encarnado El Camino de La Mujer Femenina (Elisabeth Josephs-Serra)

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